Gracias por todo, Capilla

Hoy, que se cierra el curso 2017-18, nos toca despedir al profesor José Manuel Capilla, quizás el último “clásico” del Alborán. El tiempo, otro clásico donde los haya, nos recuerda constantemente, igual que aquel río del que hablara Capilla alguna vez en sus clases, que las cosas siguen su rumbo y que esa es la única forma de llenar un vacío.

Hemos dicho profesor, pero en realidad ha sido un Maestro, un maestro perdurable para sus alumnos y para los compañeros que lo hemos disfrutado y tenido cerca a lo largo de estos años. Nos deja la enseñanza, por ejemplo, de que en esta tarea nuestra importan tanto los principios ilusionados como la dignidad de los finales.

Ahora llega su momento. No el de volver sobre lo vivido, como quien pasa a limpio un manuscrito sin las tachaduras de los tropiezos y los tiempos muertos, sino otro más provechoso: el de borrar del calendario los domingos por la tarde, el de la lectura en diversos idiomas o los viajes que nos enseñan a regresar a casa, cosas que ensanchan la experiencia. Incluso el de algún esnobismo tolerable, como el de esas lecciones de golf que según nos dice va a tomar. Qué le vamos a hacer.

Pero lo mejor de todo es que Capilla, ese hombre paradójico y pascaliano, esa sombra de un Hamlet sentimental y melancólico, no se ha jubilado de la amistad. Y sus amigos lo sabemos, y lo aguardamos, con la luz que da el entendimiento.